Hace cuatro meses comencé un servicio social que ha cambiado mi modo de ver la muerte, estuve en un constante contacto con niños que tienen cáncer, sólo podía ver que las enfermedades son la prueba de cuan frágil es la vida. Antes me costaba mucho trabajo asimilar la muerte de mis seres queridos, gracias a Dios ninguna de las persona que ha fallecido a mi alrededor son menores que yo, de hecho sólo mis abuelos paternos ya no están conmigo.
En fin, estos niños, durante este tiempo, les dije “mis niños”, me encariñe mucho con cada uno de ellos, estos sólo con cuatro pero estuve con más. Mi mamá dice que para hacer este servicio social debes de tener sangre de atole, yo pienso que simplemente hay que tener corazón y energía para compartirla con ellos, porque les tienes que regalar energía y felicidad, muchos se fueron, otros están celebrando estas fiestas decembrinas, yo sólo pienso que en donde quiera que estén les mando mis mejores deseos, y ojalá yo haya cambiado algo en ellos, como ellos lo cambiaron en mi.